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Sobre el Origen y el Sentido
Author:
Series: Contraluz
Tag: Poesía
Publisher: Alción Editora
Publication Year: 2002
ISBN: 2910010622155

Tanto la poesía como los trabajos críticos de este singular escritor avanzan guiados por lo que él llama "la lucha, en el seno del lenguaje, en contra de su ley de lenguaje"

About the Book
  • Nº de páginas: 91 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda

Si hay un escritor francés atípico ése es, sin duda, Ives Bonnefoy. Se podría decir que toda su obra es un esfuerzo por sacudirse la impronta cartesiana que suele contaminar lo que escriben los franceses, incluso los más vanguardistas. Tanto la poesía como los trabajos críticos de este singular escritor avanzan guiados por lo que él llama “la lucha, en el seno del lenguaje, en contra de su ley de lenguaje”. Sobre el origen y el sentido, una suma de trabajos críticos de la década del ochenta, no hace más que enriquecer ese gesto solitario que, desde la ruptura temprana con los surrealistas, puso a Bonnefoy en un lugar equidistante respecto de los movimientos literarios y teóricos del siglo.

En “La poesía y la universidad” (1984) él es claro en relación a ese hiato insalvable entre literatura y vida que la crítica literaria parece estar ayudando a profundizar: “Los analistas del poema se comunican entre ellos y lo hacen en un lenguaje totalmente distinto al que frecuenta el autor: ya que les hacen falta nociones que sean precisas, totalmente intercambiables, fuera del alcance de la subjetividad, del humor, y que por lo tanto ya desconocen el tiempo, el tiempo vivido, el instante de las elecciones que son a menudo dramáticas aunque sólo ellas iluminan, sólo ellas explican la vida”. Es que para Bonnefoy leer no es recorrer los meandros del lenguaje ni del pensamiento sino “recobrar la fe en el mundo”. Un mundo que está más allá de lo que él llama la “construcción narcisista” de autor y que hoy tanto la poesía como la crítica tienen que recuperar si quieren emerger del desierto de la abstracción. Todos los artículos de este libro giran alrededor de ese desafío. En “La traducción de poesía” (1976) el ejercicio de traducir es entendido como actividad que debe privilegiar una presencia más que un sistema de la lengua, enseñanza que Arturo Carrera y Silvio Mattoni, traductores de este volumen, recogieron con creces, trayendo hasta el español no las ideas de Bonnefoy sino la densidad experiencial de sus intervenciones. En “El haiku” (1989) el esfuerzo está centrado en entender cómo es posible que lo inmediato se recupere para el habla “sin desgarrar la red de las mediaciones, el lenguaje, como en Occidente creyera Rimbaud que debería hacerlo con tanta violencia y sin embargo en vano”. Aquí Bonnefoy se atreve incluso con el mito francés por excelencia, como para mostrarnos que hasta la ruptura más extrema puede esconder un resabio cartesiano..

Datos de autor

Yves Bonnefoy. Nació en Tours el 24 de junio de 1923, trasladándose a París en 1943 para realizar estudios superiores de matemáticas primero y después de filosofía, estudios que compaginó con su dedicación a la poesía. De los años 45-46 datan sus primeras publicaciones, la revista Revolution la Nuit y el Traité du Pianiste, de orientación surrealista. En 1947 rompe sus contactos con Breton y su grupo e inicia un camino independiente que lo lleva a ser uno de los grandes renovadores de la poesía francesa contemporánea.

De 1953 data su primer libro poético, Du mouvement et de l’inmobilité de Douve, al que seguirán Hier régnant désert (1958). Pierre écrite (1965), Dans le leurre du seuil (1975), Ce qui fut sans lumière (1987) y Début et fin de la neige (1991).

Es autor igualmente de numerosas obras de narrativa y ensayo como L’improbable, Rimbaud, La Seconde Simplicité, Un rêve fait à Mantoue, Rome 1630: l’horizon du premier baroque, L’Arrière-Pays, Rue Traversière, Récts en rève, La Nuage rouge, La verité de parole o Entretiens sur la poésie.

 

Los escritos que van a leerse pertenecen a una serie de discursos sobre la poesía, los poetas, la naturaleza y el origen del sentido, que Yves Bonnefoy nos ha regalado y nos seguirá regalando. Al menos es lo que parecía suceder cuando empezamos a traducir esas divagaciones, recordando a Mallarmé, tan precisas y tan paradójicamente llamadas así, estas intervenciones o conversaciones, tituladas con idéntica modestia por Bonnefoy, con Arturo en Pringles… Textos que lo habían llamado a él mucho antes que a mí, que desciframos, que yo aprendí a dilucidar en medio de una sintaxis enmarañada, abstraída de toda facilidad, que desfonda el típico cartesianismo de la lengua francesa.

Recuerdo una antigua tradición que distinguió dos maneras de traducir: o bien traer hacia la propia lengua los sentidos vislumbrados en lo extranjero, y en cierta forma “normalizar” el texto resultante, o bien ir hacia lo extranjero y enrarecer la lengua de quien traduce mediante la incorporación de los movimientos sintácticos del otro idioma. Quizás ninguna de estas maneras pueda existir sin la otra. Siempre habría cosas que se traen y que se llevan, en ese paso de lenguas. Pero sobre todo, con las palabras de Bonnefoy, que nunca le conceden todo a la transparencia del concepto aun dentro de un ensayo y que de pronto abren la idea por fuera de lo inmediatamente transmisible a través de una imagen, donde poco a poco el concepto fijado en cada palabra retorna a su fluidez originaria, creo que Arturo y yo anhelamos llegar a un lugar que no está en ninguna lengua. ¿Dónde, entonces?

Un día, paseábamos por las húmedas llanuras que rodean esa población que los mapas llaman Pringles, y una franja oscura, verdosa, que atravesaba el asfalto de la ruta, nos hizo detener el auto. Curiosos, nos acercamos y vimos miles, millones de ranitas minúsculas, miniaturas saltarinas que iban de un charco a otro, por encima del camino. Arturo me dio unas decenas, que cabían en el hueco de mis manos donde la penumbra parecía aquietarlas, y volvimos a la casa. Cuidadosamente las depositamos en las macetas del patio. Cuando contamos la aventura y quisimos mostrar la extraordinaria pequeñez de esas ranas, ya no estaban. ¿Cosas que inventan los poetas? ¿No era la ruta azulada el limbo no natural donde los saltos de un charco inexplicablemente buscaban el otro? Y al traducir la prosa infinitamente matizada de Yves Bonnefoy, inventando a cada frase nuestra propia lengua inacabada, ¿no volvíamos al estado larval o de renacuajo que más allá de los idiomas parece hablar en la presencia rítmica de unos poemas?

Cada uno de estos ensayos, entonces, no habla simplemente de “algo”; es más bien una intervención, una escansión que detiene las habituales lecturas de una poesía de la naturaleza para tratar de pensar la unidad, el fondo único que nos hace posible leer poemas allí donde todo debería ser para nosotros oscuridad.

Como el haiku para Bonnefoy, y desde su intervención para cualquiera que escriba poesía en una lengua occidental, para quienes vagamos por las sombras esparcidas entre la gélida tierra del concepto y las islas bienaventuradas del ornamento, ese misterio oriental es una exploración que hace temblar todos los suelos: nos indica algo que la lectura de poesía tiende a olvidar, aunque no la mejor poesía, nos recuerda que además del lenguaje está la atención, la percepción. “Toda sensación va acompañada de dolor”, decían los griegos. “Todo lenguaje va acompañado de vacío”, podremos oír en el haiku interrogado por Bonnefoy. ¿Y por qué no?: “toda sensación es el vacío de la palabra ‘sensación’”.

En cualquier lugar, a cualquier edad, el acto de traducir confirma ese movimiento por el cual “no hay poesía sino de lo imposible”, según la frase que tradujimos, repetimos como un estribillo mental que escudaba nuestros neologismos y nuestras pruebas.

Ahora, leo un poema nuevo de Arturo, buscando lo que quisimos traducir allá, y anhelo en el plagio aquel sentido unánime de los sentidos a través de los idiomas, las edades, los ideogramas que para nosotros estarán siempre cerrados, esperando otros ojos cuando los nuestros se apaguen.

Pero Bonnefoy cita un haiku que dice:

 

Saltando sobre la lenteja de agua,

derivando con ella,

la rana,

 

¿qué rana? ¿La que se perdió en el patio de Pringles o una de las miles que, milagrosamente, logró llegar al charco nuevo, a lo desconocido que pasa?

 

Silvio Mattoni

About the Author
Yves Bonnefoy

Yves Bonnefoy. Nació en Tours el 24 de junio de 1923, trasladándose a París en 1943 para realizar estudios superiores de matemáticas primero y después de filosofía, estudios que compaginó con su dedicación a la poesía. De los años 45-46 datan sus primeras publicaciones, la revista Revolution la Nuit y el Traité du Pianiste, de orientación surrealista. En 1947 rompe sus contactos con Breton y su grupo e inicia un camino independiente que lo lleva a ser uno de los grandes renovadores de la poesía francesa contemporánea.

De 1953 data su primer libro poético, Du mouvement et de l’inmobilité de Douve, al que seguirán Hier régnant désert (1958). Pierre écrite (1965), Dans le leurre du seuil (1975), Ce qui fut sans lumière (1987) y Début et fin de la neige (1991).

Es autor igualmente de numerosas obras de narrativa y ensayo como L’improbable, Rimbaud, La Seconde Simplicité, Un rêve fait à Mantoue, Rome 1630: l’horizon du premier baroque, L’Arrière-Pays, Rue Traversière, Récts en rève, La Nuage rouge, La verité de parole o Entretiens sur la poésie.