¿Quién fue Roger Gilebrt-Lecomte?

¿Quién fue Roger Gilbert-Lecomte?

 

Por Adrián Bollini

 

Podría más precisamente presentarme como el industrioso genio de la Muerte-en-la-vida. Soy el amo de todos los estados naturales o provocados que prefiguran, simbolizan la muerte y, por consiguiente, participan de su esencia.[i]

 

Estas líneas de Monsieur Morphée, empoisonneur public acaso sean la mejor carta de presentación de Roger Gilbert-Lecomte. Muerte-en-la-vida: es probable que nadie haya sentido como él esa necesidad de practicarla a cada instante; y más probable aún que nadie se haya atrevido a llevarla hasta sus últimas consecuencias. Del mismo  modo que un asceta sacrifica su propio cuerpo en honor a su dios, así Gilbert-Lecomte empeñó sus fuerzas en honor a la Muerte. La buscó en el sueño, en el uso de estupefacientes, en la asfixia y en los delirios de la fiebre. En parte —es innegable—  para autodestruirse; de su mano proviene el filoso dictamen de que algunos seres no pueden sobrevivir sino destruyéndose a ellos mismos[ii]. Pero no fue su fin último, o al menos nunca se redujo a esto. Buscó en ella mucho más que la morosa delectación de un suicide lent. Buscó una evidencia, una certeza de orden metafísico, susceptible de ser experimentada en esos instantes en que nuestra vida parece disolverse en la noche irremediable. Y la encontró, relativamente temprano, en 1924, mientras realizaba una serie de arriesgados experimentos con Daumal, Vailland y Meyrat. De ahí en adelante, aludió a esta certeza —custodiada siempre por su diosa— en poemas y ensayos escritos para la revista Le Grand Jeu, y procuró revivir, por todos los medios a su alcance, l’état d’esprit que una vez la había propiciado…aun a costa de su propio organismo. La toxicomanía terminó por hundirlo en un infierno de pobreza y aislamiento. Una horrible muerte de tétanos, una antihigiénica muerte por tétanos, debida al uso de agujas mal esterilizadas, cuando contaba con treinta y seis años de edad, vino a coronar esa vida consagrada al misterio de su diosa nocturna.

Dijo una vez: Escribiendo poco, prometo escribir solo lo esencial[iii]. El volumen de su obra corrobora esta promesa. Publicó dos libros de poesía: La Vie l’Amour la Mort le Vide et le Vent (1933) y Le Miroir noir (1937). En 1974 Gallimard editó sus Œuvres Complètes en dos volúmenes. Sobre su poesía Antonin Artaud dijo: “En una época antipoética entre todas, donde la poesía escrita parece un secreto perdido, un poeta auténtico finalmente se nos ha revelado”.[iv]

Comparto con los lectores algunas muestras de su arte.

 

La cabeza coronada

 

Delirio don de trueno de sueño y de espumas

Anillo de onda vibrante en el hueco futuro virginidad

En mí mismo y la nada que me asedia

Mi cabeza sacudida al viento en bandada de plumas

Brillante en el choque de los martillos sobre el yunque

Se deslumbra con su suerte de oro puro inmerecido

El asalto de los martillos lo rodea

Sobre su frente forja su corona

Círculo ardiente sacerdocio infamante de la desgracia

Con grandes golpes de dolor chorreante escarlata

Temo que a fuerza de esplendor

La cabeza estalle.

 

 

La eternidad en un abrir y cerrar de ojos

 

                                                               a Arthur Adamov

 

Aquel que vea frente a frente a su doble debe morir

 

Final del drama del vidente solitario

Espejo un ojo mira un ojo que lo mira

Ofrecido y rechazado puro don duro rechazo

De la intrusa que no puede más no puede más

Donante abrevada en la fuente de insultos

 

Obsesión del reflejo glacial sombra vana

De ese doble probado más sí-mismo que uno

Simulacro negado de luz mentirosa

Perdida en las ondas de sombras en las aguas sombrías de muerte

 

Milagro de mirada que mira al ojo que lanza

Una mirada inversa vigilante asesino

Provocador

Asesinato suicidio en el juego mortal

 

Inmortal que pasa a través del espejo

Pupila que contrae un acto puro destruir

Es la estrella fantasma de alma de fuego negro

Punto nulo vibrando en su propio interior

 

El ojo devorará al ojo en el punto nulo eterno

 

 

Los cuatro elementos

 

                                             a Rolland de Renéville

 

Si digo Fuego mi cuerpo se recubre de llamas

Digo Agua y el Océano agoniza a mis pies

 

Nave vacía hundida en sólido cristal

Momia hueca en el hielo estático y digo Aire

 

Tierra y el naufragio echa raíces y duerme

Bajo las hojas al viento del árbol de su cuerpo

 

El sueño de su boca engendra un ramo de oro

De su boca terrosa que exhala sus pulmones

Entregados al cielo tonante foliación

 

Cosecha roja bajo el sol de medianoche y de muerte

 

 

 

Extraído de : Roger Gilbert-Lecomte, Œuvres Complètes II, Gallimard, 1977  | Traducción de Adrián Bollini.

 

 

Texto original:

La tête couronnée

 

Délire don tonnant du songe et des écumes

Anneau d’onde vibrante au creux futur virginité

Entre moi-même et le néant qui m’a hanté

Ma tête ballottant au vent en vol de plumes

Etincelante au choc des marteaux sur l’enclume

S’éblouit de son sort d’or pur immérité

L’assaut des marteaux l’environne

Sur son front forge sa couronne

Cercle ardent sacerdoce infamant du malheur

A grands coups de douleur ruisselante écarlate

J’ai peur qu’à force de splendeur

La tête éclate

 

 

L’éternité en un clin d’œil 

 

à Arthur Adamov

 

Quiconque voit son double en face doit mourir

 

Echéance du drame au voyant solitaire

Miroir un œil regarde un œil qui le regarde

Offert et renoncé pur don et dur refus

D’étrangère qui n’en peut plus qui n’en peut plus

Donatrice abreuvée aux sources des insultes

 

Hantise du reflet glacial ombre vaine

De ce double avéré plus soi-même que soi

Simulacre nié de menteuse lumière

Perdue aux ondes d’ombre aux sombres eaux de mort

 

Miracle du regard regardant l’œil qui darde

Un inverse regard vigilant assassin

Provocateur

Assassinat se dit suicide au jeu mortel

 

Immortelle qui passe à travers le miroir

Pupille que contracte un acte pur détruire

C’est l’étoile-fantôme à l’âme de feu noir

Le point nul en son propre intérieur vibrant

 

L’œil dévorera l’œil au point nul éternel

 

 

Les quatre éléments

 

à Rolland de Renéville.

 

Si je dis Feu mon corps est entouré de flammes

Je dis Eau l’Océan vient mourir à mes pieds

 

Vaisseau vide immergé dans un cristal solide

Creuse momie aux glaces prises et je dis Air

 

Terre et le naufrage prend racine et s’endort

Sous les feuilles au vent de l’arbre de son corps

 

De sa bouche le songe engendre un rameau d’or

De sa bouche terreuse expirant ses poumons

Retournés vers le ciel tonnante frondaison

 

Moisson rouge au soleil de minuit et de mort

 

[i] « Au plus près pourrai-je me présenter comme l’industrieux génie de la Mort-dans-la-vie. Je suis le maître de tous les états naturels ou provoqués qui préfigurent, symbolisent la mort et, partant, participent de son essence » (Roger Gilbert-Lecomte, «Monsieur Morphée, empoisonneur public », Les Poètes du Grand Jeu, París, Gallimard, 2003, pág. 236).

[ii] « Certains êtres ne peuvent survivre qu’en se détruisant eux-mêmes » (Ibíd., pág. 247).

[iii] « Écrivant peu, je me promets de n’écrire que l’essentiel» (Roger Gilbert-Lecomte, « Écrivant peu… », Les Poètes du Grand Jeu, París, Gallimard, 2003, pág. 37).

[iv] «Dans une époque antipoétique entre toutes, et où la poésie écrite semble un secret perdu, un poète authentique nous est enfin révélé » (Antonin Artaud, « Sur La Vie l’Amour la Mort le Vide et le Vent »,  Œuvres, París, Gallimard, 2007, págs. 484-485).

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