Música

Música, silencio, música.  Ritmo, cadencia y ánimo en la lectura de poesía en Argentina, últimas dos décadas.

 

En la memoria de los hombres la poesía adquiere importancia, no solamente cuando leemos y repetimos, en coro interior, cada poema, nos lo apropiamos y luego hasta memorizamos parte de ellos y en algunos casos hasta el poemas completo se suma y nos deja en estado de gracia. Esa sería, a nuestro modo de sentir, la instancia primera de este arte tan querido que llamamos poesía, instalado en la conciencia colectiva, ocupando el costado que llamamos emocional.

Hay algo más en ella, tal vez una especie de movediza inquietud que nos impide terminar de definir, estrictamente, su campo de acción. Pasiones mediante, el hombre la ha llevado al compás de sus tareas, desde siempre. Pienso, ahora, en el gusto de los grandes escritores, en sus largas e inagotables búsquedas hasta dar con la línea justa, o encontrar la adecuada entonación para que cada palabra sea exactamente enmarcada en la memoria, para siempre.

Curioso signo el de quienes cantan, elevan sus palabras y con ellas el ánimo de los hombres que reciben las mismas, su música. Se habla, se habló, incluso, de aquellos de los cuales que se ha dudado si sabían escribir; alguien planteó el caso de Homero, quien tal vez nada más dictaba de memoria, pero en sus primeras líneas percibimos la enorme pureza, casi diríamos la esencial ingenuidad de un poeta para alzar sus versos como alzaba sus brazos en profunda exclamación ante los dioses.

Borges también dictó,  lo hizo y resultó magnífico lo suyo. El oído del gran escritor argentino era asombroso, tal vez ese detalle influyó y mucho en toda su escritura. Él declaró, en uno de sus tantos prólogos, que debía a Almafuerte la revelación del lenguaje poético. ¿Cuánto tiempo habrán durado en sus oídos los ecos, aquel  temblor primero, los versos recibidos? Nunca sabremos. Lleva el hombre esas grabaciones, las pasea por el mundo y por su mundo, diariamente lo acompañan, ellas iluminan caminos y encienden nuestras vidas.

 

Mucho tiempo hemos escuchado leer poesía, otro tiempo, quizás mucho mayor la hemos podido leer, a solas, en grupo, en recitales o presentaciones. Mucha poesía ha dejado su marca en nuestra memoria, hemos leído y releído centenares, miles de poemas y con cada marca avanzamos un paso en el camino. La incansable huella de nuestro paso por las páginas ingresa en la memoria cuando el poeta abre el inigualable abanico y permite ser acompañado por nuestros ojos que están allí, detenidos ante el oleaje que cada verso levanta como una larga exclamación que nos abarca y justifica, estamos en la página, la voz del poeta nos conduce, estamos a su lado y respiramos el aire de las mismas palabras. ¿Será el verbo del cual tanto se ha dicho?

Las conversaciones, largas y trasnochadas en los alrededores de ella, en muchos casos nos dejaron en pleno desamparo, no podíamos, ni podemos alcanzar a comprender la enorme extensión de su recorrido interior.

Siempre hay excepciones y es deber destacarlas. Cuando sucede somos tocados por la suave conmoción, una especie de privilegio, pequeñas vibraciones se agolpan en el alma, calle abierta en donde se hace presente lo que no podemos nombrar y está delante nuestro: llega la voz deseada. Nombro el primer caso: Olga Orozco y su enorme presencia, inigualable. Alguien que tocó las palabras desde una profundidad infrecuente. Su voz, leyendo y construyendo simultáneamente aquello que recreaba inmemoriales ecos ancestrales. Poesía que recorría el cuerpo, transitaba por él,  se apropiaba del centro de nuestros oídos y gobernaba allí la inextricable música, lo intocado del verbo cuando ingresa de un cuerpo a otro cuerpo, el trasvase en campo abierto.  Ella dejaba en libertad su música, por esa razón nos tomaba, éramos cautivos, simples cautivos inmovilizados por la revolución de su música.  La recibíamos nada más eso. Música a través del lenguaje.

El impacto deviene, devendrá y cada escucha o lector, será abordado. El viaje tendrá la exacta extensión de su propia sensibilidad. Vuelvo al valor imprescindible, el que me interesa tocar e insistir: la experiencia auditiva, aquello que no puedo dejar de mencionar pues el cuerpo tomado se eleva escuchando la palabra, no sabemos, exactamente no podemos distinguir en qué lugar nacen esas palabras transformadas en torrente que renueva sacude el ser y en el momento  el aire tiembla enrojecido de furor, como cuando vemos la luz en el verano ardiente. Único el eco, sigue, se repite, viaja con nosotros.

Escucharla fue una fiesta, pero hubo otra, más fuerte aún. Olga nos dejó antes de presentar el último de los libros que le publicamos: “En el revés del cielo”. Se presentó, poco más tarde de su muerte y sucedió aquello que, al menos para mí, suele manifestarse en estos casos: durante la presentación, sin que nadie lo advirtiera, una “luz” atravesó la sala; las personas comenzaron a aplaudir sin que “nada” particular hubiese promovido el gesto que no se detenía, continuó largamente hasta que una mujer que estaba en el fondo de la sala vino corriendo hasta la mesa donde estábamos los que organizamos del acto y me abrazó, con fuerzas.  Alcancé minúscula parte de aquello que bien debiéramos saber:  la poesía es parte de una pequeña totalidad gobernada por las emociones que habitan el ser. Es lo que conmueve, líneas que…

Otro lector de poesía que tuve suerte de conocer fue Mario Trejo. Privilegio fue escucharlo en Rosario. Fuimos a presentar un libro, “De mujer nacido” de Jorge Ariel Madrazo,  previamente  lo habíamos hecho en Buenos Aires.

Madrazo nos advirtió: “Mario, es peleador, efectivamente lo era, pero en el mejor de los sentidos. Su pelea, como todo buen peleador, era consigo mismo, su batalla era abrir el espacio justo entre palabra y palabra, para que el poema se encienda adecuadamente.

Cuando se inició el acto una persona hizo su participación y habló como se hace en estos casos, luego de su comentario, Mario Trejo dijo:

-Bueno, no voy hacer presentación del libro, para mí la poesía es… Su definición fue el dibujo de Miguel Ángel, en dos minutos trazó el círculo perfecto.

Luego leyó. Cuando inició la lectura del primer poema, nos dimos cuenta, rápidamente, él leía los intersticios de un modo totalmente distinto, los que antes habíamos leído esos mismos poemas, estábamos parados, ahora, en un escenario totalmente distinto, otras voces ascendían y encendían la Sala y sin embargo eran los mismos poemas que otros lectores habíamos pasado varias veces por sobre nuestros ojos. El avezado lector operaba magistralmente sobre cada vocablo y su música ingresaba limpiamente en nuestros oídos. Las personas que se encontraban en la Sala, cuando Mario terminó la lectura de apenas seis poemas, iniciaron un largo y sostenido aplauso que parecía no concluiría. Luego nos preguntaron: ¿De dónde salió este lector? ¿De dónde lo trajeron?  La gran mayoría no conocían a Trejo, o al menos no conocían esta enorme cualidad del poeta. Además de gran lector y excelente poeta y por supuesto, como nos advirtió Madrazo, un gran provocador, muy conocido por las arduas batallas con sus contemporáneos.

Las líneas previas vienen al caso para decir, para tomar posición respecto a lo que, seguramente, puede servir para llamar la atención.

Se ha impuesto en los últimos años un modo de leer que ha relegado la musicalidad de la escritura poética, despojándola de lo esencial de su ligazón con aquello que más la nutre: su propia y precioso ritmo musical, enclavado previamente en un espacio emocional que, de no existir, tampoco sería posible el nacimiento del poema. Al desaparecer esa musicalidad, lo señalaba Gabriel Celaya respecto a Pablo Neruda, gran poeta leído por miles y miles de personas, pero quien cuando leía producía, al decir del poeta español, una especie de “cansancio” como cuando se lo veía caminar, arrastrando su enorme corpachón, del mismo modo sus palabras cansinamente atacaban nuestros oídos, cuando leía y se apartaba de lo que en la página sus lectores podíamos tomar y hasta celebrar.

En la Argentina del siglo XXI sigue habiendo buenos y muy buenos poetas, algunos de ellos también excelentes lectores y vaya un caso: Arturo Carrera, a quien hemos escuchado leer y nos ha deleitado con su oído exquisito. También hemos escuchado leer poetas del interior del país cuyo tono se aparta, por suerte, del tono apagado y triste que domina en las provincias centrales, Buenos Aires a la cabeza, Rosario, Santa Fe y Córdoba incluida van siguiendo un rumbo que me parece la repetición, una pobre repetición de una entonación lectora donde el ánimo que creó el poema se diluye, como si al pronunciarse el verbo cayera en un abismo donde las voces que habitan el poema, fuesen arrojadas y el oído interior de quien escucha quedase excluido del goce que esperaba. O sea al quitar la musicalidad del poema, al caer el ánimo de quien lee, el agobio domina, se hace presente el estado de quien lee y se retorna a lo que señalaba Celaya de Neruda y entre nos, parece que una voz se filtró y contagió, de manera inadvertida y todos los lectores cantan diferentes canciones con la misma melodía, como mi amigo, viejo compañero, que me invitaba a su casa y luego de la cena nos refugiábamos en su biblioteca donde whisky en mano, tocaba canciones, muchas canciones con solamente dos acordes y las mismas melodías, tanto para un tango como para una zamba.

Volver y recuperar el ánimo, hasta cuando se canta un himno es imprescindible: los argentinos cantamos el himno como si estuviésemos avergonzados de lo que la letra de la canción patria dice, ¿sentimos vergüenza en verdad? ¿No entendemos acaso que respetar esas líneas implica valorizar lo que está grabado en ellas?

Nuestro deseo es que en vez de multiplicados talleres de escritura creativa haya multiplicados talleres de lectura revisada, musicalmente revisada y recuperada, que la emoción que mueve los cuerpos regrese a nuestro lado.

Que un gran poeta llegue a nuestro lado será posible no solamente por la calidad de sus versos, sino por la observación de aquello que más queremos de la lectura de poesía: la conmoción inolvidable.

Juan Maldonado 21-01-2021

 


(Ninguna valoración todavía)
Cargando...

Deja una respuesta