Llueve

Llueve, hace días que llueve. Puede sentirse la humedad y el leve tronar de las alturas, llueve. Cuando el agua baja sentimos que algo del pasado regresa, la ilusión de los juegos se renueva y nuestro interior retoma aquello que dejó pendiente.

Todo puede ser recuperado en ese instante breve, alguna dicha que escapó a los lejos, algún descuido en el apasionado juego. Todo puede ser traído nuevamente, mientras pasan por nuestras manos las páginas de aquello que nos tiene aprisionados. Comprendemos, por instantes, que el destello de la libertad era aquello, estar dentro de un libro y dejar que nos tome la mañana. Nuestro reino eran las gotas, las invisibles y las otras, aquellas que mojaban el pasto mientras las letras distraían la mirada.

Llueve, seguirá lloviendo y el mundo, en silencio, se recuesta esperando la nota necesaria. Hay una hoja que se abre, otra se cierra, todo el clamor de la vida se desanda y alguna ilusión alienta desde un costado que no alcanzamos a ver pero que está, late y vuelve en cada giro. No sabremos nunca la inmediata precisión de lo que acecha, solo nos puede ser dado conocer la inmovilidad de aquello que se ha ido, aquello está en la huella. Solo somos parte necesaria, lo que pisa y pasa.

 


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