Apostilla 1, Sobre la lectura de “Libro de Manuel” de Julio Cortázar.

En el comentario que hice, junto a Omar Hefling, para su programa Ciudad sin Mar, que transmite los días viernes por Radio Eterogenia, mencioné algunas cuestiones acerca de la lectura de la novela “Libro de Manuel” de Julio Cortázar que apareció en los primeros meses del año 1973, pero fue comenzada a escribir un tiempo antes, al punto que en su primera página ya deja constancia del hecho cruento que sucedió en Munich, en la Olimpíadas del año 1972.

Por supuesto que lo más novedoso para la crítica que seguía, en esos tiempos, los textos del escritor argentino, es el modo en que el mismo Cortázar se enfrenta con una necesidad de cambio en su escritura. Para un escritor como Cortázar  que debió enfrentar una serie de dificultades; decisiones que había asumido en el terreno político y que para muchos era difícil de aceptar.

Por otra parte Cortázar había hablado acerca de un aspecto  mal tratado en la literatura argentina,  una literatura que consideraba asexuada.  Enfrentó el tema en esta novela, con un lenguaje que produce un quiebre respecto a producciones anteriores, a lo que agrega, en el armado del text0, un nuevo juego: el collage, a través del cual los protagonistas de la novela van comentando las distintas noticias del mundo que pasan por sus ojos.

El hecho en sí, que causó una conmoción en mí, no tiene que ver ni con el estilo, ni con la técnica de Cortázar, sino con aquello que conecta autor/lector en un plano distinto y distante en el tiempo del texto, cito el caso:

Regresaba a mi casa, la tarde del 18 de mayo de 1973. Había salido de la Facultad y en el ómnibus que nos llevaba hasta el barrio en que vivía entonces, me encontré con un amigo con el que compartíamos conversaciones políticas y algunos temas literarios, le conté a él algunos pasajes de la novela y me pidió si le podía  prestar el ejemplar para leerla. Llegamos a casa, fui a la biblioteca y saqué  “Libro de Manuel”. Cuando se lo estaba por entregar, un impulso me detuvo y abrí, como para leerle el tema del collage que le había mencionado. Abrí el libro, al azar, y este dispuso que fuese en las páginas 184/185. Comencé a leer para mi amigo, en alta voz, el texto recortado por el autor que tomaba parte de cada una de las páginas mencionadas. La noticia, tomada  del diario “Córdoba”, daba cuenta del audaz operativo del ERP que había logrado liberar de la cárcel del Buen Pastor a cinco guerrilleras: Susana Liprandi Sosa de Vélez, Silvia Urdampilleta, Diana Triay de Johnson, Alicia Quinteros y Ana María Villarreal de Santucho.

Hasta esa línea llegó mi lectura en alta voz, por supuesto estaba un tanto alterado, por haber encontrado o haber entrado en la fisura,  la noticia registraba, justamente, algo de la ciudad donde vivía. Pero lo más extraño sucedió luego, cuando mi amigo me dijo: “-Vos sabés, Alicia Quinteros, era compañera de estudios en el Colegio Jerónimo Luis de Cabrera, en el secundario”.  –Qué casualidad, agregué.

Estaba por cerrar el libro y dárselo, cuando alcancé a leer la línea que continuaba en el texto, en la misma página 185 y el personaje de la novela comenta: “pero che, decía Heredia con un respingo, yo a Alicia Quinteros la conozco muy bien, y Gómez desde un rincón hoscamente ahora empieza la guía social, éste conoce a todo el mundo.”

Finalmente el libro fue a manos de mi amigo, él habrá hecho su viaje.

Por mi parte dejé dicho, antes que en la página 193 se habla de Capablanca y de su enorme talento.

Como muchos de los temas de la literatura son insondables, por supuesto este caso es uno y puede continuarse largamente, por el momento tengo lo que sería la apostilla 2, o sea continuará y verán ustedes cuántos pasajes puede surgir de un nombre o apellido citado en una novela.

 

Gracias. Saludos, Juan Carlos Maldonado

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