35 años de Alción Editora

El centinela ciego | Por Leandro Calle

La primera palabra que se me vino a la mente cuando pensé en los 35 años de Alción Editora que dirige Juan Maldonado, fue la palabra catálogo. Es una palabra aparentemente insípida o técnica, hasta reductiva. En su etimología podría traducirse por “lista”, una relación ordenada de “algos”. Pero lo cierto es que la palabra catálogo, contiene una palabra fundamental como la palabra logos. Es verdaderamente notoria la multiplicidad de significados que tiene la palabra logos. La polisemia del término logos se manifiesta desde los presocráticos hasta hoy pasando por los gnósticos y el evangelio de Juan. Muchos traducen la palabra logos por: palabra. Y esta es –entre las diversas significaciones- la que yo quiero tomar prestada.

Alción, ha sido a lo largo de sus treintaicinco años, una editorial que ha cultivado la palabra. Ha trabajado con ella, la ha custodiado. Y cuando digo esto, quiero decir que en la persona de Juan Maldonado y quienes con él trabajan, esa custodia de la palabra, ese preocuparse y ocuparse por la palabra, en definitiva, ese cuidado de la palabra es un cuidado de “nuestra” palabra, la palabra de los poetas, la palabra de los escritores, la palabra de una cultura, de una ciudad, por qué no, de un país. La tarea de cuidar la palabra, de hacerla fecunda, de hacerla vivir y por supuesto de compartirla, es la tarea de una editorial. Editoriales hay muchas, en el país y en Córdoba, pero pocas editoriales, a mi juicio, poseen en su trayectoria editorial esta grandeza de cultivar la palabra que es de todos. Cuando digo cultivar quiero decir todas aquellas dimensiones que sugiere esa palabra: recibir la palabra, acogerla, cuidarla, regarla, protegerla, hacerla fecunda para luego también conseguir que fructifique y se brinde, se comparta.

Encuentro también cinco aspectos que quisiera brevemente compartir con ustedes:

1) Un catálogo de calidad: no se publica cualquier cosa. Se publica aquello que tiene valor literario. Habrá excepciones seguramente pero cuando uno recorre el catálogo, cae en la cuenta de que hay una importante toma de decisión por la calidad. Hay innumerables editoriales que para sobrevivir se ven forzadas a publicar cualquier cosa, incluso para poder publicar aquello que se pretende y que se quiere. Lamentablemente el mercado editorial no escapa a las crisis económicas ni al espíritu capitalista del mundo occidental. Sin embargo, me parece que Alción, hasta en los peores momentos de nuestra economía, logró mantener un nivel de calidad óptimo.

2) Un catálogo pensado: en la elección de un catálogo hay también un trabajo de selección, de elegir, de leer y de medir la relación escritor y lector. Esto resulta incluso más difícil cuando el catálogo de Alción es predominantemente poético. La poesía es una mercancía difícil de vender en estos días. Y una editorial se mantiene por la venta de sus libros, en esto no hay que ser ingenuos. Y Alción se mantiene, sobrevive, crece, aumenta. Y aquí viene un tercer aspecto.

3) Un catálogo trabajado: no hay un mecenas detrás de Alción. Al menos que yo sepa, Juan no se sacó el quini 6 y puso una editorial. Hay trabajo, hay esfuerzo, hay un día a día que va desde la lectura de los manuscritos, pasando por la factura del libro hasta su comercialización, presentación y difusión.

4) Un catálogo abierto: todo catálogo, todo “canon” por tomar esa palabra que es una brasa quemante en los medios literarios, es reductivo en cierto sentido. (Pensemos en el discutido “Canon occidental” de Harold Bloom). Tanto en los planes de lecturas nacionales, como en las cátedras de literatura de la universidad, en los secundarios y terciarios y en cualquier taller de escritura y lectura hay elección y selección. Hay un ordenamiento. El ser humano no puede escapar de esta dimensión pero lo que sí puede acontecer es que un catálogo se convierta en un lugar cerrado o en un lugar abierto. Quiero decir cerrado, cuando se ajusta a ciertas normas que pudiendo ser válidas son restrictivas para el nosotros que conforma un todo social y entonces el catálogo en vez de abrir puertas y ventanas se cierra sobre sí, se quita el poco oxígeno que le queda y se vuelve elitista y endogámico. Córdoba por su enclave geográfico y su tradición histórica tiene siempre al acecho el peligro de cerrarse sobre sí misma. El catálogo de Alción ha crecido pasando las fronteras, abriendo de par en par las puertas, oxigenando permanentemente la cultura editorial sin perder por ello su raíz identitaria local.

5) Un catálogo con compromiso cultural: quisiera recordar aquí una experiencia personal que está ligada a aquellos años de 2001 / 2002. Yo recién llegaba a Córdoba para quedarme a vivir. Ante los sucesos que todos tenemos en la memoria, recuerdo a Juan, a Silvia y a Antonio Moro invitando a “La marcha del silencio” y luego la Asamblea en la Plaza España. Recuerdo a Antonio y muchos más cantando el himno nacional a los gritos frente a las desagradables caras de soldados militares que en plena democracia nos cerraban el acceso a casa de Gobierno. Alción estaba en la calle. Muchos de los que allí habían publicado estaban en la marcha. Una marcha en la que la palabra mostraba su costado de silencio y también de resistencia e indignación. La marcha era (las marchas, porque fueron varias) como una gran página en blanco que atravesaba la ciudad. Y este solo recuerdo basta para comprender la relación empresa editorial, sociedad y compromiso cultural.

En definitiva, el éxito de Alción se debe a que pone sus intereses en el libro y no en otra cosa. El libro que es el lector y el escritor. Creo que a Juan le agradaría que lo compare en parte con ese gran editor que fue André Schiffrin que luchó incansablemente por poner al libro en el primer lugar y no a la empresa ni al best-seller. Cuando publicó su libro: “Edición sin editores”, causó un gran revuelo en el que denunciaba esa maquinaria nefasta de ganar dinero con libros rentables a nivel de mercado pero olvidables a nivel cultural. Libros de rápida factura, de salida rápida como el fastfood pero que al mismo tiempo son libros que no alimentan y generan una sociedad cultural anémica y abúlica. De algún modo Juan Maldonado, es nuestro André Schiffrin cordobés.

13 Diciembre 2018

 


(Ninguna valoración todavía)
Cargando...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.